Libro de Versos
(Escribiéndose)
Oda I
“Aliento de Luna”
Vi tus labios caídos,
besados con mi susurro.
Tu aliento de esquiva Luna
de luz casi complaciente,
rociado del aire inerte
y alma que ella acurruca.
Yo beso aquel yermo vil
y pienso en tu sol ardiente.
Oda II
"Como quisiera"
Como quisiera,
dibujarte en la llama
del amor más sublime,
más cálido, más tierno.
Un amor como
el canto de una pequeña
ave en el desierto.
Como quisiera,
esculpir tu suave forma
en el deshielo de la tarde,
un deshielo cristalino
como el brillo de
tus ojos al mirarme.
Como quisiera,
acariciar tus tiernas
manos en el aire,
un aire cálido
como el aliento de tu boca…
al besarme.
Como quisiera…
Como quisiera…
pero tu ya lo eres.
Eres esa llama tan sublime,
esa llama que eterniza sutilmente
al ocaso agonizante
casi extinto…
de mis manos anhelantes.
Oda III
“Duda”
Bajo el aire
de mi prado en lejanía,
se posa paciente…
la estrella de mi beso.
Tu frente le ansía;
Espera un rayo de luna…
dominar sobre las sombras,
-bajo el viento-.
Se mecen los árboles…
bajo el cielo.
Ondulado movimiento,
tu cálido abrazo…
aún no siento.
Palabra y beso.
Caricia y rastrojo.
Mirada y suspiro.
¿Que he de hacer,
cuando la enhiesta
mirada de tu presencia,
abrace y me traiga contigo?
Oda IV
“Estaré contigo”
Estaré contigo;
cuando la calidez del aire
se vuelva sangre
y llene por completo mis venas…
sin derramarse.
Estaré contigo;
en el preciso tiempo de
tus ojos,
cuando la tarde…
grabe en ti mi semblante.
Estaré contigo;
cuando en el aire se pinte
el aplauso
de nuestros labios…
al juntarse.
Estaré contigo;
estaré contigo;
en la blanca montaña,
en el alba imponente,
cuando el valle sumerja…
en mis aguas su fuente.
Estaré contigo.
Estaré contigo,
en mis mares turbulentos
del olvido.
Estaré
contigo,
Estaré
contigo.
Oda V
“Mutuo recuerdo”
¿Donde crecerá tu flor,
la lejanía de tu recuerdo,
lo amargo de tus besos?
¿Sobre que viento se mecerá
la tibieza de tus dedos,
al tocar mi triste ausencia…
en tus inviernos?
Un profundo y vasto mar,
me separó del ébano
de tus ojos;
de lo tibio de tus mejillas.
-No vuelvo;
ya no vuelvo al límite
de la mirada demacrada…
de mi luna rojiza-.
¿Donde andará mi voz
recorriendo entre los surcos
el recuerdo de tu brisa?
¿En qué camino crecerá la flor
la lejanía de tu recuerdo,
ruin sonrisa que me atisba?
Oda VI
“Súplica”
Entre la bruma de mi aliento
observo la estrellada aurora
de tu beso.
El firmamento,
encendido de tus ojos,
atisba lo más profundo
de mis entrañas… en un momento.
Mi pecho se inquieta.
Rasga la piel
intentando beber los sorbos
de un concierto…
de flores de tus labios,
de lo tibio de tus mejillas encarnadas,
cansancio de rociar
encanto en el desierto.
Yo quise alcanzarte,
quise beber de lo dulce
de tu mirada tranquila…
tu mirada en la mía.
Mirada que se entona
sobre un vasto mar extraño
de olas verdes
por un musgo
cabizbajo.
Pero fue imposible
sin cantarte
mi amarga poesía.
Como raíces
las extrañas palabras
de mi boca,
en mis caídos hombros,
que se acongojan por el rostro
de tus pies
y su polvo.
Tus alas se elevaron
en un manantial de llanto
hacia un solsticio naciente…
y aparecí yo,
envuelto en una bruma
acogedora como un manto
en un lejano presente.
El sol brilló en mis ojos
con un tono diferente,
un tono acrisolado
por fuego inexistente,
indiferente,
raído del paso fijo
del curso de la hoja
que se estremece mientras cae,
mientras se posa
en mi torrente.
Oda VII
“A tu lado”
A tu lado,
te veo a lo lejos…
en el sangriento horizonte de un sueño,
callada, sonriendo;
un oscuro encanto
vítreo entre la hierba…
acompañada por un
duelo.
Pasas rápido,
convertida en la línea
del firmamento,
con tu pelo ondulado,
con tu sombra siguiendo.
Tu eres la luna,
tu sonrisa la luna menguante
que baja hasta mi profunda noche
sin avisarme;
llevando estrellas,
viendo cometas… arrastrarse.
A tu lado,
estoy entrampado;
extasiado por el sabor
de tu aire,
por la mirada en tus ojos,
por un incierto paisaje;
cuando apareces la luz es mía
cuando me miras mi voz renace.
Oda VIII
“En el firmamento infinito”
En el firmamento infinito
una estrella titila
una estrella.
Se mece su alma
por el aire que acaricia
entre las ramas.
Lejos de ella,
tu ojos…
no divisan los míos;
tus manos…
se desangran de dulzura
y estío.
Pero te observan y abrazan
en el helado abismo
que les separa,
que les sumerge
en la más inerte
de las sombras;
el oscuro rayo de sol,
el lánguido relucir de una prosa.
En el firmamento infinito
estamos juntos;
no nos vemos
no hablamos;
es el relucir de una luna
que atisba desde nuestros
retazos,
que nos odia
y odia nuestras manos.
En el firmamento infinito
el ocaso es tu dueño;
el ocaso.
Ahora te besa en las sienes
como con beso leve
ahora el te besa.
Y yo muero
sin que te des cuenta
sin que tus cejas
se alcen… bella esencia;
la tibieza sola es mía
soledad, letanía
estupor que entre mis labios
te acaricia noche y día.
Oda IX
"Remanso"
¿Soy feliz
mirando en un mar
que no acaba de llenarse
de horizonte?
¿Que se aleja,
que retuerce,
que confunde aquel amor
de mi alma…
tornándolo en silencio?
¿en soledad?
Soy feliz,
castigando al alba,
con tu murmullo
de canciones.
Alba fría,
que desvanece
al cálido mirar
del desierto…
vibrando entre sus ojos
llorando aquellos besos.
Soy feliz,
en la noche del ayer,
en mi mente que se aleja…
de tu ser.
Entre ti vivo
enjambrado de delirios,
maniatado de señales…
adormecido
buscando entre tus labios
llorando entre tus dedos.
Oda X
"Tú, mi viento acrisolado"
Atisbo a tus ojos,
mientras tu sonrisa…
detiene mi pensamiento.
Lo oscuro de tus pupilas
me regala un infinito…
que se asoma con el tiempo;
mientras tus pelo perfumado
se deshace entre mis manos…
y me besa tu aliento.
Toco tus manos,
la seda de mil jazmines…
me ha aprisionado.
Percibo tus claros dedos
entre los que vivo…
sin tu saberlo;
mientras rozas el aire
ahogando mi espacio…
dejándome atado.
Y beso tus pasos
que no se alejan
de mi llanto;
no creen en la lluvia
que mi suelo ha mojado
ni en el viento acrisolado.
Ni en el viento acrisolado.
Oda XI
“No sé más…”
Una sombra, nos separa…
y desgarra las
llameantes miradas
de una estrella lejana;
y me atisba,
entre el tumulto de
unas manos
que tu boca no perfila.
No se más que tu boca,
y que en un
candor inerte…
tristeza evoca;
Cuando el aire y respiro
se hace fértil y digo:
hoy yo muero
en mi delirio.
Y estremece y encarna
la lejanía de tu imagen
robada por la sombra
que emana;
en azules de tu enojo
en matices de tus labios
en un día claro
del verde despojo.
No se más que tu nombre,
entre negras canciones
de oído…
que me asombren;
y no se más que tu pelo
y las luces
que entre nubes descansan
muriendo yo en el cielo.
Oda XII
“Y tu… ¿me amas?”
Y tu me miras
con tus ojos alejados…
…de mis labios;
por la brisa y el enjambre
de las sombras tristes y
de una luna fría
por el hielo de tus manos.
Y tu me hablas
de aves y laureles…
de versos y quebrantos;
que en mi estuvieron
hasta el fondo preciso
de mi lúgubre llanto.
Y tu me tocas
como con la pluma…
de la brasa mas hiriente;
porque no me miras,
porque no me hablas,
porque no me tocas…
y en tu aire yazgo inerte.
¿Y me amas…
como a la mañana…
como a las penumbras…
cuando calan?
¿Cuándo el instante
se adormece…
y entre tus cabellos
veo tu mirada asonante?
No me amas,
y en tu seno…
se abriga otra sombra
la muerte en mi desaire;
la llama ardiente
de un calderón inerte,
sostenido en el espacio…
…nunca tocó tu mente;
…nunca tocó tu mente.
Oda XIII
“Mísero latido”
Es un mísero latido
que el ocaso de mi alma
le entreteje a mis sentidos
con tinieblas y esperanzas.
Y lo olvido
en un instante,
cuando veo, cuando tengo
en mis ojos…
tu semblante.
Pero una sombra
me espera intacta,
rezumando los sabores,
endulzando penas blancas.
Sombra blanca
y blanco latido,
como mi pena se tiñe
como mi rostro…
de olvido.
Aire y frío;
piedra y pluma;
tu voz no me besa
tu voz no me arrulla.
En un ocaso
inminente de blanco,
el sol no penetra,
de luna es el rastro.
Y el aliento,
ese vaho indescriptible;
entre árboles enhiestos,
corren gotas…
que no diste.
Las tinieblas y esperanzas
que entretejen mis sentidos;
el ocaso de mi alma…
me dio un mísero latido.
Oda XIV
“En tus besos, en tu nombre”
En tus besos
me introduje como
el llanto del camino,
esparcido bajo mis plantas.
En mi mano
anida un pájaro.
En mi boca
muere un astro.
Son las miradas perdidas
de los rostros de un ocaso,
de la blanca mano erguida
de ventanas, en tu abrazo.
Mi voz es una brisa.
Tu voz, amor lejano,
es viento en ala mansa
plumaje aterciopelado.
No quise esparcirme
con la lluvia y entre el llanto
sonido de lo sublime,
que en nubes viaja a lo alto.
Como el aire,
me introduje como…
el llanto de un molino
bajo las aspas.
En mi beso esta la estrella
y en tu nombre mi esperanza.
Oda XV
“Tengo miedo”
Tengo miedo
de que nunca hayas sabido
del amor que se envejece…
acechando tus sentidos.
Mi corazón esta marchito
y ya duermo; por la hierba
de aquel prado que en mis ansias
mi esperanza… solo añeja.
Tengo miedo
que tus ojos no hayan visto
que dormía entre tus lirios…
sin el verso de tus trinos.
Duermo y respiro,
como un sauce que de lloros
no derrite frías hojas
y que besa ríos de lodo.
Tengo miedo
del espejo que refleja
en mi piel aquellas sombras…
y que son mi flor cubierta;
y que son mi flor cubierta.
Oda XVI
“A través de mi ventana”
A través de mi ventana
estuve esperando;
tu abrazo, tu mirada, tus manos,
un amor en mis ojos admirando.
Parado buscando una luz
en tu semblante;
tus ojos, tu boca y el beso,
en mi mente es melodía disonante.
Por el tiempo de mi sien
que en tu paso;
tus desaires, tu saludo y despidos,
me regala tu cariño tan escaso.
A través de la ventana
yo te espero,
yo te oigo, yo te grito, yo te olvido,
abrigándome en un verso casi austero.
Oda XVII
“Oda a Santiago de Chile ”
En las grises horas de Septiembre
fui a tu entraña, ¡oh Santiago!
Vi tus viejos montes de dolor
por la lluvia, de verde los vi pintados;
entre días finales de tu invierno
y gris matiz de primavera naciente
un frío viento mi voz recibió
y tu escarcha golpeó así mi frente.
En tu duro pavimento pisé
leí murallas con mil gritos ilegibles,
cercenada la tibieza de tu sol
por ventanas de ladrillos inservibles;
el violento movimiento de mi viaje
me trizó con tu pupila insufrible
y en tus nuevas calles con sus charcos viejos
yo bebí melancolías indecibles.
Gente a mares, ciegos niños sonriendo,
pastizales de cemento sobre tus muertos,
negra escama aun disipa nieve y hielo
muestra el viejo rostro de tu infierno;
y entre las voces de secas miradas
y entre los parques de verdes reflejos,
con tu Luna siempre estrellada
frías madrugadas clavaron mis huecos.
Caminos, senderos y negro el asfalto,
imagen de polvo, nube y luceros,
veredas en silencio, borroso tu ocaso
y en un intento el sol, alumbra mis viñedos.
Banderas flamean en infértil viento
de perros y palomas que saben los secretos
de las tiznadas ollas que cuecen gritos viejos
y duros adoquines clavados en sus pechos.
En ti busqué un amor y entre la gente
corrí buscando luz y hallé mi muerte;
en ti yo vi la faz de un mar ardiente,
en ti lloré y sangré –escondiéndome-.
Y en las grises horas de Septiembre
en que estuve en tu entraña ¡oh Santiago!
en mi alma amortajada se conjugaron
el dolor, tu poesía y mi piel inerte.
Poema I
"Introducción"
Bajo el eterno beso de mi alma,
mirada triste se tornó de mil colores;
entre los mares, melancólica esperanza,
un dulce abrazo entibió mis sinsabores.
Poema II
“De otro lugar”
Entre el viento y en penumbras te diviso
como algo que aparece y no se marcha,
con imágenes que vuelan te percibo
como brisa que en mis ojos se hace escarcha.
Sobre luces y entre nubes tú caminas
sobre el alto cielo que se incendia a diario,
entre aves y esa grácil golondrina
tu bandada es otra que vuela más alto.
En jardines que tus pies pisan descalzos
con las flores que deshojan secos llantos,
tu me miras desde pétalos intactos...
de semillas que mi mano no ha sembrado.
En montañas altas yo te veo corriendo
por la nieve que no limpia mi quebranto,
a lo lejos vas saltando y a lo lejos
siento un eco que mi boca se ha callado.
Esos valles que tu piel suave acaricia,
esos prados que florecen los ramales;
son un verde que en tu frente me hace trizas,
son un pasto entre ajenos pastizales.
Tan sublime tu mirada, tu pupila
en un vuelo se hace lluvia y me calma;
es la seda que en tus manos cicatriza
la que no puede vestir mi fría alma.
Con tus ojos que recorren manantiales
son tus labios los que endulzan frías aguas,
los reflejos de tu pecho son las aves
que no tengo y que secan mi garganta.
En la estrella mas distante yo te observo
entre frágiles cometas tu descansas
es vacío lo que grita tu universo...
eres parte de otra cruel y vil galaxia.
Entre viento y en penumbras te diviso
mientras lloro por un frío sol poniente;
frente a frente... el silencio conocimos
y en silencio observo tu imagen ausente.
Poema III
“Hoy”
Hoy,
estuve a tu lado,
besando tus ojos,
tu toque soñando.
Tu aire abracé
con lágrima inerte,
llorando tu beso
viviendo mi muerte.
La bella sonrisa
que inunda mi espacio,
son tristes sonidos
que besan despacio.
Hoy,
estuve a tu lado,
estuve contigo
y tu en tu canto.
Poema IV
“Tu Distancia”
Entre tus ojos de perlas
esta una tierna sonrisa;
por esos dedos que brotan
esa, tu voz, me acaricia.
Aquella luz infinita,
de una voz apagada,
que susurra en cristales
que hacia abajo mira en calma.
Y te pasas como nadie,
y recoges de entre el polvo,
los pedazos de mi beso
que en tus sienes son un soplo.
Entre el campo y tu calle,
entre lomas y jacintos,
es el ruiseñor que lleva
los mensajes del exilio.
De mis ojos salen versos,
de tus pies las madreselvas…
que hasta al sol miran y opacan
y a la aurora envenenan.
Te he querido entre mis muertes,
te he sentido en mis silencios,
escuchando esos latidos,
que me gritan el desprecio.
Y yo muero nuevamente,
lastimando mis anhelos
que aquel firmamento diga:
te he tenido aquí en mi pecho.
Poema V
“Lloro una decepción”
Lloro una decepción...
cada día,
tu voz no me toca,
ni tu sombra me ilumina;
esperando que regales
a mis ojos...
melodías.
Lloro una decepción...
al mirarte,
tu semblante equilibrado
y mis desaires;
por esos redondos ojos,
tus palabras...
suplicarte.
Lloro una decepción...
si me miras,
pues sé que no te tengo
pues sé que no me atisbas;
en vano anhelo
que un susurro...
me dirijas.
Lloro una decepción...
y la lloro cada hora,
y la lloro como lloro…
esta decepción ahora;
pues en vano te he querido
pues en vano...
tu me nombras.
Poema VI
“Baile”
Me acerco a la Luna,
opacas estrellas,
tu brisa bebí,
aroma de hierbas;
y entre tus pies,
yo puse mis piernas,
pero en tus ojos
mi mente no mella.
Mirando miradas,
besamos las manos,
tu dedo en mi boca
golpeó un desencanto;
en aquella Luna
que en vientos se vuela,
tu pelo en mi cara es…
cuchillo, trinchera.
Sonidos de tu aire
que gritan mi nombre,
no puedo escucharlos,
mi alma se esconde;
me sigue tu sombra
la mía es un brote,
creciendo en lo oscuro
robando tu roce.
Me acerco a la Luna
opacas estrellas,
tu brisa bebí…
tu aliento me quema.
Poema VII
“Quise”
Quise quererte entre las nubes
de una negra noche de terciopelo
donde las sombras son compañeras
donde el silencio es un fuego eterno.
Quise tomar el sorbo amargo
de una esperanza en cáliz de hierro
vino que embriaga una bella estrella
sabor a muerte regando destellos.
Quise pasearme por esas brasas
que hacen de ti un pozo profundo
como la noche en la cual te veo
como la sombra de mi disgusto.
Quise quererte y en ti ser aurora
con un tibio sol y dulces fulgores
camino al frente y en ti se atesoran
vientos perennes, alegres canciones.
Quise tenerte aunque estas tan lejos
esta distancia es la que me quema
como el calor que siento en mi pecho
como el calor que del sol aflora.
Quise morir entre tus donaires
quise abrazarte, quise sonreírte
quise quererte, pero fue tarde
quise tu amor, pero sin decirte.
Poema VIII
“Desengaño”
El desengaño se hace agua
y lo bebo en tu suspiro,
enlazado con las dunas
de tu voz en mis abismos.
Frío deshielo, fría fuente,
que a mi nombre se transporta,
es calor de los matices,
que en verano me erosiona.
Y no quise ser gaviota
y no vi que en lejanía
se corrían las cortinas
de un amor que frío sería.
Desengaño que se inhala,
fría espada que me hiere
con ardor y tus desaires,
son puñal entre mis sienes.
El desengaño se hace agua
y lo bebo en tu suspiro,
un suspiro que de lejos
hoy presiento como mío.
Poema IX
“Estrellas de mi pecho”
Las estrellas apagadas de mi pecho
me regalan la amargura de la noche;
serenata entre los pinos que me duelen
y describen aquel tan volátil roce.
Una estrella se despierta y me acaricia
con sus puntas tan esquivas como plata;
en el medio de mis ojos que no miran,
tus caminos son canciones y pisadas.
En mi frente esta la estrella que titila
y el sembrado de dolor que cabizbajo,
se entrelaza con las cercas que me muelen
el gemido de una barca que ha encallado.
Entre el aire que golpea los lamentos,
vi tus ojos que mirando hacia el ocaso,
no se fijan en un rostro con adviento,
ni se clavan en un cielo vil y craso.
Con las horas que me matan en lo oculto,
un remanso del silencio se hace trino,
con las perlas de tus manos y tus voces,
se me agrietan las palabras y el destino.
Las estrellas que se apagan en mi pecho,
no me gritan sus suspiros sempiternos,
no me avisan que a mi voz la lleva el viento,
ni en reproches me susurran mis inviernos.
Poema X
"Si..."
Si tus ojos alejados me miraran…
y me besara tierna tu sonrisa,
el sabor de mil engaños fallaría
y mi llanto con tu brisa volaría.
Si el aroma en tus cabellos me abrazara…
y trenzara con mis manos bellas olas,
ese son diría que ya no es el eco
quien repite en un murmullo voz de helechos.
Si tus manos y tu pecho me sintieran…
si quisieran ser mi único resguardo,
si tus labios me dijeran mis anhelos
las estrellas caerían con recelo.
Si tu nombre pronunciara el mío a gritos…
y callara en el remanso de las rosas,
ruiseñores en la aurora volarían
y tus ojos… sobre mi… se posarían.
Poema XI
“Solo un amor”
Un solo amor,
solo uno;
en la vida que se agita
en un fuego que es de humo.
Un amor,
solo uno;
aunque vengan mil estrellas
o aunque sea todo oscuro.
Un amor,
solo uno;
desde el sol hasta el poniente
en un verso inoportuno.
Un amor,
solo uno;
en la ingrata melodía
en las horas del ayuno.
Un amor,
solo uno;
que se queda aquí por siempre
y por siempre me hace zumo.
Un amor,
solo uno;
solo uno en lo vacío
en mi estanque solo uno.
Poema XII
“Me apago”
En el llanto te he querido,
entre luz oscura y sombra,
sobre el suelo que me espera,
sobre lágrimas angostas.
Estas penas que en mis manos,
se entrelazan con mi pecho,
se desgarran con mi llanto,
y me acercan a mi duelo.
Entre sombras te diviso
y tu nombre entre mis brazos,
repetí hasta pronunciarlo,
en mis labios, beso aciago.
Es tu imagen que en mis ojos,
se hacen lágrimas, rastrojo,
que se salen como lluvia,
descubriendo en mi un tesoro.
Te he querido, fuiste todo,
fuiste amor que en mi regazo,
adorné y muy fiel mantuve,
como flor entre mis pastos.
Como sombra tu cariño,
como hiel tu voz vibrando,
es el río en cual no estuve,
como sangre no ha secado.
En el llanto te he querido,
en el llanto te he esperado,
hoy titilo en mis penumbras,
y me apago solitario.
Poema XIII
“Tengo que escribirte”
Tengo que escribirte
pues sino me ahogo
en un llanto que no tengo,
en un llanto donde mojo
mil caricias que no pude
enviarte con mis ojos.
Tengo que escribirte,
esta pena se hace negra,
se hace muerte que me mira,
se hace muerte que me abraza,
como el viento que en tu risa
se encamina hacia mi espalda.
Tengo que escribirte
con mis manos heladas,
que no tocan tus miradas,
que no tocan tus palabras;
en mis ojos todo es mudo
y mis labios… flor vedada.
Tengo que escribirte,
tu recuerdo es una flecha
que me mata la esperanza,
que me mata lo que quiero
que es tu voz en mis entrañas;
un arpegio que me habla
sin decirme que hay mañana.
Tengo que escribirte
y tu imagen se hace blanca,
se confunde con la espuma,
se confunde con la playa,
de un verano que no vino
con las flores de tu alma.
Tengo que escribirte,
como tengo que olvidarte,
como tengo que sumirme
entre mi espeso follaje,
con mis manos en mis sienes,
con mis ojos en tu sangre.
Tengo que escribirte,
pues el llanto me ahoga
por tu voz adormecida,
por tu amor que no me diste,
por tus manos que no tuve,
por temor a resentirte.
Tengo que escribirte.
Tengo que escribirte.
Poema XIV
“El Dolor de la Verdad…
y el Dolor de la Mentira”
El dolor de la verdad
y el dolor de la mentira;
se trenzaron en mis canas
y mi vida no vigilan,
se rindieron ante el tiempo
no dan tregua y no dan rima;
se confunden con las manos
que me besan y acarician
sin tocar mis fríos labios
sin sentir mi poesía.
El dolor de la verdad
y el dolor de la mentira;
me amedrentan cada paso
pues no sé si en tus ojos
las veredas del ocaso
se llenaron del enojo;
en un ínfimo instante
se quebraron en mi mente
la verdad y la mentira
que me rondan y me hieren.
El dolor de la verdad
y el dolor de la mentira;
brotan como estrellas tristes
como hielo que me quema
un capullo que no quise
una estela en mi cabeza;
infinitas nubes pasan
como rebaño enhiestas
y no miran frío llanto
de un invierno que me apresa.
El dolor de lo que quise
y el dolor de lo que oíste
hoy se mezclan en tu mente
y te asesinan sus matices;
y me atizan la ansiedad
y a mis ojos discrimina
se hace fuego en frialdad
y con juegos siembra ira;
¡ay dolor de la verdad!
¡ay dolor de la mentira!
Poema XV
"Camino de Luna"
Una luna que estribaba su camino
sobre un mar que desde lejos le miraba,
como alas que en el frío viento hizo…
un camino como el mío que es de plata.
En la noche que en penumbras aparece
se refleja entre olas inexactas,
es su imagen la que algas entorpecen
no hay pupila de su alma bajo el agua.
Las estrellas que sin luz así se asoman
y que miran con sus ojos violáceos,
eternizan horizonte azul y hueco
y atisban con la luz de finos párpados.
Una sombra que aparece ilumina
el camino sobre el agua oscurecida
como sombra de gaviota que vigila
mi mirada que a lo lejos se desliza.
Y yo muero por la luna y su camino
siendo plata, fría y gris como mi alma
las profundas aguas en que te he sentido
son las algas con que beso al cielo en llamas.
Poema XVI
“Elegía”
Solo,
en mi ancha cama…
te recuerdo:
“Allano los montes
de luces en celo,
tocando cabizbajo
azahares en mi pecho;
secando aquel mar,
bajando del cielo
estrellas que roban
de mí mis luceros;
tiñendo la luna,
de grises inviernos,
e inserto en tu sombra
mi verde veneno.
Un agrio clamor
el de mis esmeros,
de una llama fugaz…
en mis senderos,
el sol corriendo
entre mis brazos
el fruto de besos
y el de fuertes dedos;
borrando las nubes
con blanco recuerdo,
de sábanas quietas…
es ancho mi lecho;
callando la música
de fusas y silencios
corcheas que gimen
en tonos sangrientos.”
Así te recuerdo
en gritos, en versos,
la cama que es ancha…
es flor en mis huesos.
Poema XVII
“Sangrante, Despacio, Llorando”
Mis pies arrastrando, corriendo sin guía
las pupilas quietas, luceros sangrantes
mi vaho profundo, dedo temblante
mi espalda con cresas, mirada fría.
En surcos mi alma se hunde despacio
con negras penumbras ceñidas de manto
con lágrimas blancas de muerte llorando.
Poema XVIII
“Alto vuelo”
En las alas de tus vuelos,
tus caricias son las nubes,
que entre sueños estuvieron
y durmieron con tus luces.
Vuelas alto y hacia el cielo
no te alcanza el rojo ocaso;
son tus rosas que en quimeras
te separan de tus pasos.
Y ya miras de reojo
por lo alto de tus venas;
corre sangre que es profunda
y es azul en las estrellas.
No desciendas de tu vuelo,
no calcines hoy tu llanto,
pues la muerte en un segundo
puede odiarte con su manto.
Poema XIX
“La vida, mi Vida”
*
En el intangible segundo
de ese pasado siniestro,
ocasos en velo fecundo
rompieron en dos el silencio.
Estrellas en cielo profundo,
quasares de roja vereda,
estelas cortando lo oscuro
labraron cual sombra mis venas.
En llanto los ojos abriendo,
en llanto galaxias mirando,
el Mayo de mi nacimiento
corrió con la muerte en mis pasos.
*
Cometas de hielo y estaño,
sin luces, sin cuerda inocencia,
fugaces cruzaron mis manos,
fugaces quemaron mi senda.
La mano en mi espalda raída,
ausente cariño lejano,
la madre con risas perdidas
dolió en mí un fatal desengaño.
En juegos de sol y escondidas,
balones y amor encontrando,
quemando unas ramas sufridas,
insectos yo fui atormentando.
Los años pequeños siguieron,
con fuego, ilusiones cantando,
mirando a lo alto cogieron,
las manos de tiernos vocablos.
*
De pronto esa luz se apagaba,
cuajando de mí los retazos,
en tristes senderos andaba,
sin luces, sin mano aferrando.
Fulgor tan inmenso crecía,
fulgor tan potente de muerte,
lo terso que mi alma sentía,
quebraba en pedazos inertes.
Yo quise a la Luna venderme,
con miel, con escamas, con ira;
sus ojos no vieron mi suerte,
la muerte se hizo mi amiga.
Amé con mis ciegas estrías,
bebí del otoño su alma,
rocé con mis manos heridas
su piel recubierta de escamas.
En mustia pasión fue mi verso,
en llanto con sangre y escarcha,
grité de mis venas el hierro,
viví mi pisada, mi marcha.
Con aire su flor me ahogaba,
toqué lo que del sol caía,
amé lo que pasos dejaban,
morí en juventud dolorida.
*
Lucero de cierta mañana,
lloraba su cruel indigencia,
y solo con su vasto mazo,
pupilas caían, su esencia.
Fulgores salieron sonrientes,
helechos de mi florecieron,
radiantes de sol madreselvas,
raíces de miles consuelos.
Fugaz fue su luz y la sombra
de velos que intactos caían,
con rabia la aurora sonora,
en gritos me enmudecía.
Inerte mi paso quedaba,
cometa flagrante en mi cielo,
al ver que de mi se alejaba,
mis pálidas rosas murieron.
*
En un intangible segundo
del frío presente siniestro,
reflejos de lúgubre sombra
rompieron en dos mis silencios.
Estrella de un cielo profundo,
titila cual roja azalea,
su luz no diviso rotundo,
estela que corta mis venas.
En llanto mis ojos yo abro,
en canto galaxias me miran,
al tiempo de mi nacimiento
una vela por mi se encendía.
Poema XX
“Nacimiento”
La sombra del rostro;
cristaliza mirada,
quiebra gruesas cicatrices,
cubre lirio de mi alma.
Cruda piedra que estremece
mis suspiros en el viento,
y en mi pecho me fue muerte,
y un violento nacimiento.
Infecundo seno, feto inerte,
corta el velo, rayo hiriente,
miradas vacías, mi piel languidece,
retuerce mis huesos, mi voz adormece.
La sombra en mi rostro,
la cueva en mi vientre,
mil guturales miedos
clavados en mi frente.
Poema XXI
“Mi música”
Sostenido por el tempo
de mi contrapunto vago,
un acorde leve muere…
en un calderón aciago.
A capella voy andante,
y adagio por mis notas,
el falsete de mis versos,
el rubato de mi sombra.
Y la coda de mis tardes
semifusas y redondas,
un legato disonante
mis pupilas abemola.
Mi concierto, mi armonía,
mi becuadro, contratiempo,
mi solfeo, herejía,
staccato a mi silencio.
Poema XXII
“Hoy en ti”
Al mirarte, no te di mis ojos;
al hablarte, no mojé tus labios;
al tocarte, mi piel se tiznaba…
corazón de mi sangre vaciado.
Con mis pasos, a ti no llegaba;
con mis versos, de ti no lloraba;
y la brisa que juntos rezamos…
no lograron que en mi tu brillaras.
Siento pena por tu alma raída,
gris alondra que alto brillaba;
siento rabia por noches perdidas,
sin tu voz que por años callaba.
En un sueño tomé tus mejillas,
en mi mente tus besos lejanos;
fuimos juntos por distinta orilla
e inviernos de ardiente desgano.
¿Que serán de tus besos, tus ojos;
seguirás como aquel rojo ocaso?
Hoy mis manos no sienten las tuyas,
ni escuchamos los dos nuestros llantos.
Poema XXIII
“Lo que hay en mí”
Lo que hay en mí…
es tan frío como escarcha;
de mis ojos lentas lágrimas;
de mis labios tristes lanzas.
Lo que hay en mí…
es lo gris de mi mirada;
corazón de hiel y escamas;
fría sangre coagulada.
Lo que hay en mí…
dura roca que disuelve;
crudo hierro que engalana
mis recuerdos tan inertes.
Lo que hay en mí…
es lo que en mi piel se huele;
la distancia entre mis pasos,
es la fragua que me hiere.
Lo que hay en mí…
hoy me toma de la mano,
con vocablos ya varados
y en mi alma un vil engaño.
Lo que hay en mí…
blancos truenos y quimeras;
cicatrices en mis muelas;
huesos fríos con voz muerta.
Mil otoños, mil quebrantos;
mil heridas carmesí;
en mis poros mi vil llanto
grita lo que hay en mi.
Poema XXIV
“Una brisa”
Una brisa me envolvió,
en lo cruel…
de mis recuerdos;
eran fríos,
eran funestos…
largas alas de mi cuervo.
Y yo quise elevarme,
por tu piel…
por tus senderos;
un lenguaje,
un “te tuve”…
un rocío fue en mi lecho.
Me tomaste por mi mano,
me dejaste…
con mis sueños;
grácil lienzo,
fino esbozo…
hoy titilan mis inviernos.
Ver mi rostro no quisiste,
ni mis sombras…
en tus sienes;
secos besos,
ojos grises…
sucio llanto, flor perenne.
Esa brisa me envolvió,
con lo cruel…
de mis recuerdos;
todos fríos,
aves inertes…
todos juntos en mi pecho.
Poema XXV
“Solo”
Solo,
en mi cuarto,
ya no siento tu suspiro…
sollozando.
Una sombra,
tu silueta dibuja…
dormitando,
y yo veo
por los ojos la muerte…
acechando.
Agujas en mis sienes,
penumbras…
en mi llanto;
mi viva arcilla quiere
tragarse mis quebrantos.
Piel de mi rostro enhebro,
mis manos,
dedos flácidos,
las mil lunas iguales
atisban mis ojos pardos.
Y yo en mi cuarto…
solo,
silencios trastocados,
con sombras
que me buscan,
mi pecho he desgarrado.
Poema XXVI
“Pensamiento”
Con un pensamiento vil,
tu vida murió en mi pecho,
quebrando en dos mis costillas
mi vientre desvaneciendo.
Tu aliento jamás yo tuve,
cual sombras de terciopelo,
por ti acaricié mi espalda,
mi rostro por ti fue un fuego.
Amor, la muerte, veneno,
aromas de mi consuelo,
tus ojos, sangrientas almas,
nadaron en río de hielo.
Con mi pensamiento vil,
el musgo de mis adentros,
con la voz enmohecida,
camino por mis inviernos.
Poema XXVII
“Romance de un corazón”
Tu corazón me cantaba,
con su dulce voz ajena,
de negros caminos y charcos,
dolientes y grises veredas.
Reía, -en su alma lloraba-,
con aires de condolencia,
canciones correspondidas,
poemas sin voz ni huella.
Mis ojos lo miraban triste,
mis ojos, pardas luciérnagas,
sin agua para colorirle
mi voz dibujó su silueta;
y tu corazón me miraba,
-sus rojas mejillas muy quietas-
y mi mente muy comedida
vaciaba en mis dedos afrentas.
Con la lejanía en sus manos,
mi alma su voz no atizaba,
no sé si me quiso en mi ausencia
o en otros pechos descansaba.
Tu corazón me cantaba,
los versos, la pluma de oro,
solemne silencio escuchaba,
mortajas de amores recónditos.
El llanto de su viento inerte,
la brisa en mis ojos miraba,
agujas y dagas de muerte;
mi ave y sus alas heladas.
La Luna en su alma moraba,
un cielo vaciado moría,
estrellas fugaces gritaban
el no ser correspondidas,
y tu corazón me miraba,
leyendo mis blancas líneas,
no sé si una luz ansiaba,
o entre las sombras se perdía.
Pupilas de mi corazón
murieron, -el tuyo cantaba-
en el triste y solo vacío
con versos y sangre eclipsadas.
Poema XXVIII
“Suicidio”
Tranquilo. Oscuro. Inerte.
Leve luz de mi pulso sombrío,
se extingue mi savia –simiente-,
suspiros de sangre, gemidos.
Nocturno en mis venas se siente
por mi soledad derramada,
silencio en mis ojos ausentes,
tu imagen en mi alma grabada.
Mis manos se agrietan heridas,
mis dedos se rasgan extraños,
fría lluvia, ventanas bruñidas,
tu seca sonrisa en mi exhalo.
Tranquilo. Paciente. Inerte.
arcilla me llama en su juicio,
mis lágrimas tocan mi vientre,
mi huella, un beso, suicidio.
Poema XXIX
“Recuerdo Alejandrino”
Yo te quise llorando, yo viví sin tu mano,
te besé con murmullo, te rocé suspirando,
yo te vi con mi sueño, cada noche jugando,
y no quise perderlo, yo no quise borrarlo.
Apareciste –temí-, como furia tan fría,
tus cabellos trenzados, ignoraron pupila,
en tus rizos yo tuve, el encanto, ventisca,
y rompí la cortina, de mi luz tan raída.
Como al mar yo te tuve, en mi voz anidando,
como aves sin calma, la palabra me quiso,
en un salto mi agua, fue rocío temblando
y mi mano cerrada, se quebró con resquicio.
Con cariño retuve, un amor en mi brazo,
en silencio mantuve, con mi voz cabizbajo,
en tu alma propuse, un sabor muy amargo,
encendiendo la vela, del fatal desengaño.
Por las calles perdidas, por tu monte, tu llano,
por mi Luna tardía, caminé tropezando,
frío polvo mordía, frío hierro clavado,
en mi tierra rojiza, exhalé crudo vaho.
Ya tu beso sin vida, ya tu voz palpitando,
tus muñecas hundidas, y tu piel delirando,
no quisieron mi vida, no palpó desencanto,
y corrieron sin guía, por vaivén derrumbado.
Hoy te vi con mi sueño, y mis copas de vida
te quisieron con celo, te cuidaron en rima,
en un mísero intento, ya mi beso decía:
“con mi vid te recuerdo, como parra vacía”
Poema XXX
“Resignaciones”
Mudo.
Voz reseca incorruptible
quiebra el amor complejo.
Vacío.
Grises manos inservibles
y en el alma un recejo.
Exhausto.
Por la furia aborrecible
grito cicatriz, -me quejo-.
Marcado.
Con el hierro incomprensible
de tu cruel silencio añejo.
Solo.
Como tu alma imprevisible,
como mi ojo, mi reflejo.
Poema XXXI
“Momentos”
Momentos;
de tus ojos el silencio,
de la Luna los inciertos
besos, -tu voz mi concierto-.
Me sumerjo entre la duda,
imagen certera, abismo quieto,
por el verde desencanto…
el desliz de un nacimiento.
Momentos;
por mis venas un momento
y en pupila mis anhelos
fríos, -flor de mis helechos-.
Y camino en una duna,
montaña moviente, cristales durmiendo,
por el viento que los mece…
soy dolido ser inquieto.
Momentos;
tu mirada,
mis inviernos,
mi momento en tu momento.
Poema XXXII
“Que me dejen”
¡Que me dejen mis recuerdos!
Muéstrame un cercano sol
que con sus rayos añejos,
hierva en ti mi sangre inerte
y despeine mis cabellos.
¡Que me dejen mis recuerdos!
¡Que me dejen!
Ayer vi Luna vacía
mojada de mis pañuelos,
sombría y con elegías
trajo tu nombre en un verso.
No quiero sentir en mis manos
tu toque, tu piel serena;
arroyos de sangre gritan
los dedos de las veredas.
No quiero beber del aire
el curvo viento y tu abrazo;
recuerdo de un lirio inquieto
sobre mi vientre salado.
¡Que me dejen!
¡Que se alejen!
¡Que tu risa no atormente
mis sembrados elocuentes!
¡Que mi Luna se derrumbe!
¡Que mis pastos se hagan verdes!
¡Que me digan que te has muerto,
que tu espalda es flor yaciente,
y que en una despedida
se derrame mi aliciente!
¡Que me dejen mis recuerdos!
¡Que se alejen!
Hoy yo quiero cantar
aquella melodía tierna;
que entre mis besos crecía
y en el aire era madreselva.
Hoy yo quiero vivir
montado entre nubes placebas
y olvidar el llanto aquel
y creer que me recuerdas.
Pero en mí te hallas hundida
hasta el hígado y la médula,
impregnada en mi retina,
distraída por mis células.
Y así yo duermo conmigo
y con esas tres tristezas,
sin borrar de mi tu paso,
sin barrer mis hojas secas.
¡Que me dejen mis recuerdos!
¡Que se alejen… de mi senda!
Poema XXXIII
“Ínfimo poema para el Ideal Amor Lejano...
que insiste en no querer fijarse en mí”
Te miré a lo lejos,
en tu mundo indeciso,
fue tu brillo perenne…
en mis ojos un grito.
Miles rayos de fuego,
mil cometas transcienden,
me miraron de lejos…
y a mi alma no sienten.
Hoy yo quise tenerte
y sentirte en mis brazos,
pero inerte quisiste…
que muriera descalzo.
Poema XXXIV
“Caminando sobre el Atardecer”
Caminando sobre el atardecer,
arenas debajo de mis ojos,
con un mudo oleaje de enojos,
se deshace mi triste padecer.
Espuma que mece la marea,
dibuja con algas disecadas,
retinas de ojos enmendadas,
cariño del aire que la crea.
Seres se matizan de un aroma,
caracolas, corales que duermen,
esas sales que a mi alma yermen,
son el leve vaivén que la doma.
Caminando sobre el atardecer,
mi rostro, camino desolado,
Luna con su rayo platinado,
hizo el mar de mis brazos perecer.
Poema XXXV
“Acercándote, alejándote”
Te levantas, caminas, me sonríes
y yo borracho de tu mirada…
guardo en mí los secretos de jazmines
y pronuncio gris canción en mis entrañas.
Te acercas, me tocas y me besas
con la flor de tus mejillas agitadas
y no veo de ti palabras tersas,
sino de sangre, el fiel arroyo que regalas.
Tu aroma me abraza vehemente
cabello en movimiento dionisiaco,
el cuchillo de tu piel intransigente
me atraviesa enmudeciendo tus encantos.
Y yo te miro a la distancia entre la lluvia
y te percibo entre las hojas de mis quebrantos
te grito como el rocío de breve bruma,
la disonancia entre tu rostro y beso falso.
Te levantas, caminas y te ríes,
es mi sombra la que brilla en tus pupilas
fino hálito de la muerte que vives
es mi verso… que tu ojo no vigila.
Poema XXXVI
“Por ti, Mujer”
Por ti, Mujer,
por tu sonrisa,
soy capaz de enlazar
las estrellas;
sellar las constelaciones de tu rostro
y encenderlas;
y caminaría por tus pasos de luz
entre mis tinieblas;
algunas titilan –otras quietas-
algunas distantes –otras muy cerca-
pero todas unidas
por tus ojos…
en mis venas.
Caminaría las sendas…
olvidadas, proscritas,
cercenadas, inquietas;
rodearía tu ciudad fortificada
sin corcel, escudo
o trinchera;
pelearía la batalla
inerte de los besos
en tus costas,
en tus sierras…
por ti, Mujer…
por ti viviera.
Poema XXXVII
“Llueve otra vez”
Lleve otra vez,
en mi día soleado,
en los crisoles de mis ojos…
estancados.
Gotas de lluvia que golpean
cada hoja, cada rastro;
hacia abajo precipitan
mis instantes anegados.
Ya no existe brisa,
ya el verdor se ha marchado;
en mi frente solo hay truenos
y relámpagos.
Queda mi árbol solo
con las flores de mi ocaso;
quiebra mi vendimia y destruye…
mis tallos.
Llueve otra vez
en mi día soleado,
y en mi imagen veo un reflejo…
apagado.
Poema XXXVIII
"Una promesa"
Una promesa
que espero anhelante…
me habla en secreto,
me besa en arrullos;
no llega a mi mesa,
no muestra semblante,
sonidos y ecos,
veneno y murmullos.
Por entre unos ojos,
promesas perfilan,
y desde sus besos,
mi estrella asesina.
En quieta osadía
mis manos añejas
quebrantan silencios
ahogan mi esencia.
Poema XXXIX
“Y aquí estoy”
Y aquí estoy,
acariciando aquella muerte de tu frente,
la promesa de un secreto frío e inerte,
un segundo… en mi ruin silencio vacuo.
Arrullos me besan,
y se marchan hacia la verde deriva,
como llantos de mi bandada cautiva,
el semblante de mi gris estrella hueca,
Murió mi brisa,
en las horas de un reloj plomizo,
con mi sangre de color cenizo,
hice un río y execré mi vida.
Sangré mi llanto,
con las gotas de sus océanos latentes,
con la Luna y mis pétalos ausentes,
con las hojas de mi cuerpo disecado.
Y aquí estoy,
mutilando mi verdad acantilada,
en mi médula yo hiervo la alborada…
de mi rostro, vil rezago del amor.
Poema XL
“Poesía”
Poesía
…en mi vida enemistad
con estrella opacada
de mis ojos. Saciedad.
Momentos. Soledad.
raíces corroídas de ansias
se esparcen en vaciedad.
Ya no busco verdad;
perdido rocío del aire…
boca carcomida. Sequedad.
Poesía
…suspiro, Vacío. Ansiedad,
mi segundo inexistente,
tumba, amor, confinidad.
Quieto ruido, conformidad,
el inerte movimiento
de mi pena. Copiosidad.
Poesía
…en mi polvo, corporeidad,
pastizales se alimentan
de mi voz. Cortedad.
Poesía
…con mi amor…
contrariedad.
Poema XLI
“Retazos de Luna”
En la noche esta la Luna que divisa
lo que mi alma no concibe estribarme;
se detiene y eterniza las pupilas
del camino que pretendo deshojarme.
Con su sombra me atisba hasta el doliente
vil rastrojo que me queda de tus soles;
me divisa con su fría tez creciente…
envenena mis inviernos y crisoles.
En cercana travesía yo eternizo
el camino ascendente del esmero,
su regazo entre penumbras se disipa
por la brisa de las risas del silencio.
En la noche en que la Luna me divisa
aún padezco del calor de tu recuerdo;
aún resoplo el bramido de tus iras
y el regreso de tu muerte ya no espero.
Poema XLII
“No sé si es poesía”
No sé si es poesía
o juego con palabras;
yo pinto lo que siento
mordiendo mis entrañas.
No sé si esto penetra
en el profundo espacio:
¡la métrica no existe
sino pasión y llanto!
Adentro solo hierve
un viento extasiado,
sin rima ni cadencia
ni en números marcado.
No sé si es poesía
lo que de mi destella,
yo solo sé que reglas
no enmarcan mi condena.
Poema XLIII
“Interpretación, ejecución”
En mi espalda
tus dedos…
presionan mi rostro
sobre el frío marfil;
martillo gruesas trenzas con esmero
y sus finos encordados…
trinan sin fin.
Sabes el tiempo,
la presión,
la expresión
y el acento;
en tus manos esas notas
y en mi cuerpo la fusión:
mi respiro esta en tu mente
y mi sonido en el amor.
En mi espalda
tus dedos…
arpegian los acordes
de armonía carmesí;
melodías -sonidos en el cielo-
y temblorosas pulsaciones…
gimen en mi.
Tu pasión
se hace llamas y aquí
cristalizas los sonidos,
secas mi pecho -mi vivir-;
tu pulsar sobre mi espalda
con las notas y un silencio,
en las noches de mi ausencia
me atraviesan tus destellos.
Poema XLIV
“Amanecer”
Amanecer,
en los radiantes
colores del alba;
mi pacífico vuelo…
con suaves nubes bajo las alas.
Siento la brisa
a la distancia;
azul lucero de la mañana
corta el turquesa en el horizonte…
de la alborada.
No hay copas meciéndose,
no hay aves,
solo el distante verde
de reflejos estelares;
cúmulos de fría luz
que en el sol son mis brillos…
abismales.
Amanecer,
con los radiantes
colores del alba;
un día mas…
en el horizonte
y yo en mi vuelo
-vaho por entre nubes-
siento una brisa fuerte…
bebiendo el color…
de mis clamores.
Poema XLV
“Pequeño hombre”
El hombre es pequeño
desde las alturas
pequeña presunción
en el infinito;
es el gris suspiro
de sus horizontes
en el cruel solsticio
de su vil destino.
Pequeñas son sus ansias
en sus impetuosas
creencias a ciegas
entre crudas sombras;
pequeños sus amores
por el egoísmo
de besar con calma
propias sensaciones.
Pequeño es el mundo
desde el alto cielo;
bajo nubes tersas
mueren sus anhelos;
por sus intereses
en lo que no brilla
cuecen su veneno y
pagan su herejía.
El hombre es pequeño
como lo es mi alma
siendo prisionera en
surco de labranza.
No destella el cielo
ni en mí la alborada;
ya mi piel pequeña
se cubre de escamas.
Poema XLVI
“En mi estrella solitaria”
En mi estrella solitaria
me desangro lentamente,
deshojando duros tallos,
desgarrando hojas verdes.
De mis pétalos perennes
mis mejillas se encendían,
hoy el frío las congela
y mi voz ya esta vacía.
¿Dónde yacerá el recuerdo
que hace inerte mi delirio
y que a todas mis estrellas
las sumerge en negro abismo?
¿Cuando beberé el veneno
que gotea de mis dedos
y que empapa mi mirada
con amargo desconsuelo?
En mi estrella solitaria
yo me abrazo con mi sombra,
y mutilo mis sonrisas:
tez sangrienta y desdeñosa.
En mi estrella solitaria
cuando la muerte me encuentre
sonará un vaho infinito;
ruiseñor: ¿Ya no me sientes?
En mi estrella solitaria,
en mi noche tibia y quieta,
ya diviso breve estela
con un brillo que me ciega.
En mi estrella solitaria
toco brisas que me llevan
a la luz que me aprisiona
en mi solitaria estrella.
Poema XLVII
“Paisaje”
Hojas caían
sobre el oleaje de mi mirada.
El destello tenue de mi voz
vio sombras entre mis alas,
cerró la boca de mis clamores
y pintó las canas de mis entrañas.
Yo odié mis hojas, mis pisadas,
fui los campos de verde indiferente,
fui clamor de rocío en la mañana;
fríos prados atisbaron en mi mente,
mis aves ya en silencio me cantaban.
Recorrí una sombra, un reflejo,
y en el surco de mis miradas…
pupila se apagaba por completo;
cruel esencia de mi lámpara anegada
mira quieta tristes llantos con esmero.
Y en mis dientes un lamento:
“hay espinas en mi cuerpo
y mi sonrisa” –abatimiento-;
se desprenden de mí, –gruesos-
…los ocasos en silencio.
Y las hojas caían
desde tu voz en mi mirada;
los destellos de amor en tu voz,
viento que no encuentra aquí su casa;
cerré la boca de mis clamores,
crecen las canas de mis entrañas.
Poema XLVIII
“Canción para unos ojos tristes”
En tus lágrimas,
se esconden todos los pesares
del amor aun no concebido,
del vacío de la primavera,
del dolor de tu abismo.
Una pena...
de estrellas te titilan
frías y encendidas
por el ocaso que perfilan.
-Te sentí entre mis brazos
vi tus labios en mi frente,
tu mejilla fue de lágrimas…
fina alcoba, hierba verde-.
Tristeza...
del otoño que ennegrece
unos ojos que del lodo
sus pupilas ya florece.
Y en tus lágrimas,
donde se esconden los pesares...
siento un brillo...
-entre todas las tristezas-
con la risa de los mares.
Poema XLIX
“La mujer de mis sueños”
Hoy me besas tiernamente
y me abrazas en silencio,
entre penas de mi sombra
y la llama en mi lucero.
Eres mujer de mis sueños
y en tus brazos me cobijas;
entre olas de tus labios
es tu beso mi agua tibia.
Melodiosa es tu mirada
-mi pasión es la agonía-;
nuestra voz, verde follaje,
nuestro canto es elegía.
-No te vi, estuve ciego-.
Tu silueta por la brisa
no toqué en mi desengaño.
-Vi tu beso entre ventiscas-.
Eres mujer de mis sueños,
eres el viento y mis ojos;
es tu sonrisa la vida
y soy en ti fresco arrollo.
Y entre mis sueños te tengo
y con estrellas me hablas,
son tus mejillas un fuego,
quitas de mi alma la escarcha.
Pintas mi verso en tu pecho
coses tu voz con mi llanto,
surcas la grieta en mi cuerpo
tejes mi aurora y su manto.
Pero yo aquí no te tengo,
-solo suspiro tu rastro-,
eres mujer de mis sueños,
muy tenue luz en lo alto.
Eres mujer de mis sueños
y en sueños grises... te amo.
Poema L
“Indiferencia”
En la espera que me ahoga no te oigo
ni me llamas por promesas que no haces,
como gritos que enmudecen tan tenaces…
en mi espejo esta muriendo mi tesoro.
Las palabras que se escuchan se te olvidan,
golondrinas que en invierno se deshacen,
en el gris que les sofoca se esparcen…
¡como emigran las palabras de mi vida!
Y tus ojos no me miran cuando callas
y tus manos no me tocan cuando duermen
están ciegos por la ruin y fría espada.
Hacia el cielo que diriges tus miradas
vive el ave que en tu mano yace inerte
mas caminas con los pasos de tu alma.
Poema LI
“Tu esperanza”
Como un verso que florece
en los prados de la calma;
ya tu estrella de esperanza...
toca el viento que la mece.
Como olas que no duermen
es el mar de tus palabras;
son tus labios quienes cantan...
y tu voz las embellece.
Y no dejes que tu alma
se humedezca con las gotas
de una lluvia cabizbaja.
Y no quieras que se aquiete
esa estrella que en el viento
por tus manos ya florece.
Poema LII
“Soledad sin razón”
Cuando la soledad mata mi razón,
tus ojos atraviesan mi espalda;
tus pupilas se encienden
con la más oscura sombra
que habita entre mis manos.
…
No puedo oírte,
ni tocar el inmenso vacío
que tus ojos me regalan;
porque mirando al infinito
en mi ya no existen.
…
Tus ojos, la noche estrellada;
la noche sin estrellas
es noche sin tu alma;
no hay vida en la alborada,
penumbras en mi almohada.
…
…
Porque cuando tu voz me hable
un cielo sin viento me abrazará
y veras mi raíz carcomida;
entre mis huellas aciagas
morirá tu pasión al instante.
Muerdo mi lengua
a la sazón de un beso
con espinas en mi madero;
un enjambre sangriento
de palabras en silencio.
Cuando la soledad mate mi razón,
entre vida y muerte nadaré
a la deriva por el horizonte;
…en el salado mar de mi vida
…en mi menguante luna de voces.
…
Poema LIII
“Reflejo”
Mi mirada en el horizonte
estancada en el infinito
como la llamarada y la espina
que destroza mi delirio.
Sin sonrisa, sin el sueño,
sin el rostro de mi invierno;
ya desvisto aquellas sombras
que en mi tez un surco abrieron.
Camino lento, pies trizados,
espacio anhelante y matiz callado;
los mil fuegos de mi mirada
son los hielos que se han quemado.
Ojos quietos, mirada inerte,
pupila y ceños… cabizbajos,
en mi espejo esta la muerte
con mi imagen acechando.
El reflejo en mi mirada
con sus líneas y sus llantos
las arrugas estribadas
remedó el miedo con canto.
Poema LIV
“Árido desierto”
Frente a mi árido desierto
mis raíces se sumergen,
son las rocas que ennegrecen
a mis dedos lastimeros.
Yo te ví en tu propio lago
te observé y así a lo lejos
no bebí el rocío fresco
ni toqué mi dedo amargo.
Y odié el cristal en tu alma
y en dolor mordí mi pena;
es tu risa: sombra, estela;
un brillante es tu mirada.
Mis raíces se clavaron
en mi blanca piel sangrante,
son los huesos anhelantes
los que a mi alma en dos rasgaron.
Desde el hielo me miraste
con tus ojos enlazados,
son tus pies que amedrentaron
a ese viento en mi, -flagrante-.
Y en mi árido desierto
que se expande entre tus manos,
en mis ojos desgarrados
corre un río frío y seco.
Frente a mi árido desierto
yo te ví en tu propio lago,
y odié el cristal de tu alma…
-mis raíces se clavaron-.
Desde el hielo me miraste
y en mi árido desierto
tibio hielo de mi espalda
se humedece con tu beso.
Poema LV
“Antipoema a mi poesía”
¿Que creen que hago con esto?
¿Creen que vivo en que el amor
esta en un poema desierto?
¡Jamás suceda que tal cosa
que en el interior yo tengo
me haga creer que no siento
sus burdas patadas ponzoñosas!
El otro día morí,
creo que fue mi último intento.
Tuve que tomarme un café
de la mano con mis miedos.
Pero no me la quisieron tomar,
porque apestaba a tormento,
y de patadas me fui,
con ponzoña en mi trasero.
¿Que creen que hago con esto?
¿Creen que vivo de versos,
y que con la Soledad duermo?
Poema LVI
“Pequeño suspiro”
Tu rostro...
hacia inertes infinitos;
yo espero,
yo...
espero.
Tu rostro...
ruin canción, risa verde;
y yo observo...
observo.
Un vacío,
un dolor;
grises nubes de lluvia
no lavan mi corazón.
Un pie sobre la tierra,
mi voz de surtidor,
es mi noche profunda
tus ojos sin color.
Tu rostro,
mi pasión,
observo los juncos quietos
y muero en una ilusión.
Poema LVII
“Rescate”
Al fundirme en mi canción
y bordar tus dulces ojos,
con el tono de tus pasos
pinto un río en gris otoño.
Ya los árboles florecen
y el perfume es fino aromo,
azabache de cristales
se derrite en los abrojos.
Cuando bebo melodías
y en tu risa yo me alojo,
soy la roca que demuele
las raíz de mi sollozo;
cinco espadas de mi verso
son la sangre entre mis ojos
y en tus brazos ya renacen
verdes hojas en mi arrollo.
¿Quién podría rescatarme
de este incierto valle ciego,
de este bosque que sin aves
es rocío en el desierto?
En tu risa me entretuve,
a tus labios fui corriendo;
en mi otoño se disipan
ya las nieves del silencio.
Poema LVIII
“Y tú y yo”
Tú
en mi alma yo te observo,
eres como un gran delirio,
yo
es tu estrella la canción,
que tu voz convierte en río;
tú
con tu beso en mi navegas,
y en mis mares crece un nido,
yo
mi desierto no florece
con los pétalos marinos;
tú
en mi entraña eres la sangre
y en mis venas el latido,
yo
es tu ansia un palpitar
que vendimia un suave vino;
tú
ya te tengo entre mis labios
y en mi boca hay beso tibio,
yo
entre enmudecidos dientes
solo hablo un canto frío.
y tú y yo
yo te quiero entre mis brazos;
en mi sombra hay un abismo.
Poema LIX
“Canción”
En las alas de mi frente
como espigas sin color,
el rocío de mi fuente
cristaliza mi dolor.
Es el mármol de mis sienes
mi camino en redención,
que cubierto está de hojas
y de helechos en verdor.
Hacia el cielo yo cantaba
vientos tibios y el color
de mi sombra era afluente
para ríos con canción
y en el halo de mis soles
donde el frío era calor
flor silvestre y pastizales
fueron montes de ilusión.
Pero el cielo se hizo invierno
y los vientos el color
de mi sombra entre tinieblas
que mi río ensangrentó.
Y en el frío de mis soles
donde oscuro es el calor,
son los lirios que envejecen
al vestirse con mi voz.
Poema LX
“Tu guía”
En la entrada de la bruma
donde están mis corazones,
tu cayado es aliciente
que divide mis dolores;
un clamor que está podrido
de mi mano en sinsabores.
El hastío de mis pasos
por cortezas de infinito
es calor que en tu regazo
hizo el fuego en mi delirio;
y luché en desesperanza
entre rostros enemigos.
La mirada que me diste
un silencio en el vacío
es fulgor de los renglones
donde escribo estos suspiros;
la corriente de palabras
hoy me hunde en este abismo.
Poema LXI
“Sonrisa”
Mi sonrisa en el horizonte
es lucero de la mañana;
fue su brillo clara alborada
cual rocío de un tibio monte.
Luz menguante de media luna
es mi voz que de mi desprende;
grises pasos son mi aliciente,
mi dureza, mi sal, mi duna.
Mi reflejo, expresión, cordura,
mil abismos entre mi brisa,
con amargo color mi risa
va perdida mi alma en blancura.
Mi sonrisa en el horizonte,
en el hielo de la madrugada,
ya cubierta esta de la escama,
ya se mece entre un frío golpe.
Fue lucero cada mañana
de las sombras alba imponente,
fue el rocío verde del bosque,
fue la perla de mis entrañas.
Ya es muy tarde, falta tu vida,
-flor marchita que en mi florece-,
sonrisa que mi alma padece…
es luna que yace dormida.
Poema LXII
“Cálido y Frío”
En el candor de esta noche
entre unos besos de lluvia,
es mi sonrisa aquel coche
donde me besas desnuda.
Con llamaradas de tierra
con la silueta de montes,
persiste mi alma de piedra
muestras el verde que escondes.
Y en las estelas que habitas
donde renacen acordes,
muere en silencio mi alma
crujen mis gritos y voces.
Tratas de ver por mis ojos,
luchas contra desencantos;
gris arco iris de niebla
es mi mirada en tus manos.
Con la pasión en las venas
tu cruda sangre esta hirviendo,
ese calor no me enhebra;
muere en el hielo mi beso.
Y hasta tu voz me acaricia
desde tu frondoso aroma,
son tus manzanas perdidas
que entre mis manos alojas.
Es fría brisa que sopla
desde mi alma emblanquecida,
crudo recuerdo es la alforja,
es vientre y cruel enemiga.
Solo las hojas resecas
cubren mi cuerpo raído,
el frío tronco y corteza
bebe en tu risa el rocío.
Poema LXIII
“¿Cómo puedo?”
¿Cómo puedo hundirme mas en mi pena,
si al oír el murmurar del viento en mi ventana,
de tu esquiva cintura mi alma es presa?
Como quise tu alma a mi lado,
como ví de mis ojos vacío;
gris lavanda de ramas atado,
con dolores de hastío… curtido.
¿Cómo puedo hundirme mas en silencio
si al verter en tus brazos frías aguas
dejas solo mi rostro y su veneno?
Blanca nieve comienza a volar,
y las hojas ya muertas me cubren
con la miel que no roba el sabor
de los besos que fríos me aturden.
¿Cómo puedo sentirte en mi abrazo
si de piedra mis gélidas manos
hacen trizas mis pies en retazos?
Soneto I
“Esperanza y Corazón”
La tibia y fina brisa entre ventiscas,
el rojo y gris camino de tus pasos,
las flores con perfume del ocaso…
un pétalo posado en tu mejilla.
El cielo que reflejan tus pupilas,
la nieve que gotea de tus dedos,
un frío que revuelve tus cabellos…
un rayo que en invierno te acaricia.
No dejes que ese árbol que te nombra,
dé sol que observa tu alma desde lejos
y fuente como aguas de las sombras.
No dejes de mirar al infinito;
tu pecho tiene auroras que renacen
que mata aquel brillante sol marchito.
Soneto II
"Soneto al aire"
Radiante sol brillante, cual paloma,
tu sonrisa me regalas, tus dedos
tocan suaves en mis ojos anhelos
se escapan bajo un dulce y breve aroma.
Pupilas que no miran mis abrazos
no cuelgan de mi aire que las vela
no miran que mi llanto se deshebra
en rojo arco iris del ocaso.
Ya vuelan tus detalles de mis ojos
y miras a tus pies y no ves pasos
ya gritas tus cariños siendo sordos.
No inundan de besos tus cabellos
ni se aquietan de manos rojas venas
pues siento un frío llanto en tu deshielo.
Soneto III
“Soneto Sensual”
En el olor ocre de tus pasiones,
con el matiz rosa de mis encantos,
ruiseñor eterno de mis quebrantos
vistió suaves montes de sensaciones.
Es su plumaje cual brillo de soles,
es su canción un intenso gemido,
posando bellas alas en el nido,
anida con ímpetu sus crisoles.
Si beso profundo le regalaras
escucharías sus trinos, sus copos;
la nieve disonante que amparas.
Si con amor tus ojos abrigaran
tibieza del aroma de gris ave,
tus senos sus latidos… abrazaran.
Soneto IV
“Sé libre, sé feliz”
Entre pinos y venados discurrió
un engaño que de niño no creí;
de mis padres todo el año percibí
un cariño que jamás desfalleció.
Una fecha que Saturno me vendió,
tradiciones que de Dios no recibí;
con costumbres y negocios que yo ví
la Ramera su sermón prostituyó.
Cada día yo te puedo cobijar
y brindarte mis caricias con amor,
pues el calendario miente sin piedad.
Cada paso de tu vida presenciar,
con verdades alejarte del dolor;
¡abandona la podrida cristiandad!
Soneto V
“Soneto para una quimera”
En las noches de mi fría soledad
cuando todo aquel silencio ruega amor,
son los soles que calientan mi clamor
los que en mi alma pintan negra oscuridad.
Va mi sombra en la profunda eternidad
y se duerme atesorando aquel mador
que en la piel de tus mejillas con candor
es reflejo de mi beso en tu verdad.
Y en las noches de mi quieta ceguedad
el silencio se desgarra en el dolor;
ruin ensueño de mi propia enemistad.
Y mi sombra que camina en vaciedad
es la dulce oscuridad de mi color;
fino trazo en mi tortuosa tempestad.
Soneto VI
“Soneto para tu poesía”
Tus letras se perfilan con candor
de brasas, -llamaradas del amor-;
vacío de tu piel quito el clamor
de inviernos, -pastizales en verdor-.
Lamento de tus ojos es dador
de rimas que eternizan al temor,
tus versos se entrelazan con tremor;
la lluvia de tu trino es en ardor.
Mi pecho suspiró con la canción,
tu vida me regala hoy su sol;
me quedo en el sabor de mi beldad.
Mis besos siguen fríos con la unción
de tu calor dorado con crisol;
de rosas está llena mi verdad.
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